La Generación Z no está rompiendo las reglas financieras por rebeldía, sino por contexto. Son la primera cohorte que llegó a la adultez en medio de inflación persistente, empleos flexibles, crisis climática y una digitalización total del consumo. En República Dominicana y en toda América Latina, su relación con el dinero no responde al modelo tradicional de “ahorrar primero, gastar después”, sino a una lógica híbrida que combina experiencias prioritarias, inversión temprana, consumo digital y ahorro defensivo.